Todavía recuerdo cuando tenía doce años y C... me contaba como su amor platónico le tomaba la mano cuando se sentaba con ella en el transporte, como le hablaba con delicadeza, como le hacía sentir que la quería y que sabía lo que ella sentía cuando aún, no le decía nada. Él tenía quince años y ella doce. Los recuerdo a ambos con mucha claridad, más de la que yo misma esperaría. Ella era bajita y el también, ella tenía los ojos claros y los de él eran negros, parecían botones (eso decía yo), ella era blanca y el moreno.
Hoy al recordarlo me pregunto qué fue de esas personas, las recuerdo con la nostalgia con la que se evoca un pasado y una amistad eterna en la memoria, finalizada en el tiempo real...
En ese tiempo, cuando ella y yo nos encontrábamos; ella roja y con una sonrisa de felicidad, simplemente me limitaba a escuchar su historia, sus sueños, y sus divagaciónes, sus "no podrá ser" y sus "creo que me quiere". Me limitaba a hacer mi papel de muñeca y no hablar. Ahora, seis años después, he vuelto a recordar ese momento y me he sorprendido, casi enternecida de mi poca capacidad de analizar. Si en ese momento hubiese sabido lo que se ahora, hubiese sospechado lo que sospecho ahora, tal vez habría llegado a pensar muchas cosas... Algo como que él podría simplemente estar haciéndola creer esas cosas, estar divirtiéndose con los sentimientos de la niña que lo quería a su manera, la verdad no tan infantil, o también podría estar realmente enamorado de ella... o tal vez sólo quería jugar al gato y al ratón un rato, sentirse halagado y capaz de seducir.
El se graduó de bachillerato cuando nosotras teníamos trece años. Acabaron los roces de manos, las indecisiones, las miradas fijas de las que yo fui testigo y vi con algo parecido a la indiferencia mezclada con la solidaridad de las amigas. Al fin, cuando nos alejamos luego de separarnos de grupo, no supe en qué terminó la historia de ambos... posiblemente en nada, él nunca parecía demasiado deseoso de que algo demasiado concreto sucediera, quizá también, porque se sintió mal por la edad de ella... o simplemente se cansó de jugar. Son cosas que nunca llegaré a saber, pero son pequeñas pruebas de todo lo que he avanzado en cuanto al análisis de las personas y sus comportamientos, ahora sólo espero que mis conclusiones acerca de las personas no sean equivocadas.
Lo gracioso, es que siempre, al avanzar, cuando se mira atrás de nuevo, hay algo que denota lo infantil de momento, lo inocente que se era entonces. Y cuando pasan los años, al volver la mirada sobre ese momento en que algo nos pareció infantil, vuelve el mismo sentimiento. Nadie nunca logra madurar totalmente y parece ser un proceso largo y sin final.