"Existen dos mundos: El primero es el mío, el segundo es el verdadero". Sabahudin Hadzialic
sábado, 11 de agosto de 2007
La peste Negra.
Sus huesos dolían y la fiebre era intensa. El pequeño lo miraba inocente, su mano suave y tibia, que descansaba sobre la suya arrugada y dolorida, se sentía más ajena que nunca. Sabía que moriría, lo sabía como quien tiene un mal presentimiento. Se permitió una pequeña sonrisa cansada que le dirigió a su nieto, quien abrió los ojos como una par de pelotas de golf para salir corriendo de la habitación pequeña y derruida. Se sentía mareado, el olor a aceite de almendras del niño flotaba por toda la habitación, nunca le había gustado ese olor.
Sintió la pesadez en los párpados y se relajó. Hacía varias noches el dolor de su pecho enfermo no lo había dejado dormir... Abrió los ojos repentinamente. El niño estaba a su lado, el olor era más fuerte. La música que venía de la cocina, el refundido sonido del piano y la luz amarilla lo marearon.
- ¿Que pasa?
La voz del niño era dulce. Taladraba sus oídos. Quiso decirle que se fuera, que lo dejara, dormir, morir, lo que viniera primero, pero sus ojos se llenaron de lágrimas. ¡Parecía tan vivo desde allí! Su rostro redondo y moreno, chocolate como el suyo propio, como el de su raza, parecía más lozano que nunca. Las venas palpitaban tras su piel tersa y la inocencia frente a lo que sería su vida podía adivinarse en sus ojos. Apretó al sábana entre sus manos hasta que le dolor fue insoportable. Sollozó.
-¡Adiós!
Apretó el brazo del niño antes de que se fuera, parecía inquieto. Lo apretó con fuerza y sus ojos empañados se encontraron con el temor. Sintió un par de lágrimas más mojar su piel reseca y lo dejó ir. La química de la vida y el misterio de la muerte, juntos en una sola habitación. Su vida se había consumido en un mundo hostil, en un mundo lleno de trampas y ninguna oportunidad para los que eran como él y así sería tambien para ese niño.
Pasó como un fantasma asustado y oscuro. No supo cuanto tiempo había pasado en su ahbitación, en cama. Nadie lo vería. Él era hora la fortuna, el destino. Él representaba el yugo. En la habitación pintada de azul, con las paredes desconchadas ,el niño dormía. Ahí estaba la marca, roja como la sangre sobre su frente despejada. Era la marca de la desgracia. Tocó la frente del niño y no sintió nada. Trazó con su dedo etéreo el contorno de la marca que desapareció dejando una sombra blanca sobre la piel. Quiso llorar de nuevo, pero sólo pudo gemir secamente... el niño no podría negar su destino, tendría que cargar con el peso de los suyos. Pero la marca era más débil, tal vez sobreviviría a la desgracia. Abarcó el rostro con su mano, anhelandolo. El niño se levantó asustado cuando sintió la fuerza, el ahogo, el deseo de respirar. Ya no pensaba, sus manos y su fuerza odiaron más la vida que la muerte. Sentía el rencor por la vida circular en sus venas y alimentar la fuerza de sus barzos, mientras veía commo el brillo de los oj9os del niño se opacaba, como dejaba de moverse, de intentar respirar. Sintió que algo crujió pero no le impoortó.
Estaba muerto, y el dolor fue com un látigo que lo atravesó. Reprimió un par de sollozos más y pensó en todo. Apretó las mandíbulas y con esfuerzo y con pasos lentos y tortuosos, como si la fuerza del odio lo hubiera abandonado, salió al balcón. Estaba lloviendo, la brisa suave y tibia le dio de lleno en el rostro, la fiebre hacía que sintiera las pequeñas gota de agua como agujas. Quiso sentir el aire sobre su rostro, pero la naturaleza sólo le respondió con dolor, con sufrimiento. La naturaleza, pensó. La naturaleza. Tierra en la tierra, cayó y fue la muerte quin lo recibió en sus brazos de madre.
Sus pies volaron sobre las cabezas de los niños y los viejos, y sus ojos como el carbón vagaron de rostro en rostro. Se detuvo tras la puerta gris y desconchada de la casa más pequeña del lugar, cerca de la ventana amarillenta y descolorida, sabiendose desgracia. Traspasó el umbral silencioso como la noche, y sus manos tocaron la cabeza del recién nacido. Era el destino, horrible y siniestro, que venía solitario a marcar la frente suave de un bebé.
jueves, 9 de agosto de 2007
Yugo voluntario.
Es una total, completa y absoluta mierda no tener tiempo.
Y el tiempo es tan fugáz que a veces asusta. Cuando se era pequeño, pasaban eones para que llegara la navidad, el cumpleaños, Halloween, o lo que fuera. En cambio ahora, parece como si el año pasara corriendo, como si la navidad fuera dos veces al año y se cumpleida años más a menudo de los deseado.
¿Es una nueva percepción del tiempo o realmente todo es más rápido?
Parace que cuando se crece y se madura, todo sucede a mayor velocidad, como si los momentos y las vivencias no fueran más que instantes fotográficos... a menudo las horas y los días pasan como cuando se mira un segundero; por delante de los ojos, sin vida, como si eso que pasa ahí no fuera con nosotros.
Es extraño cuando se es conciente de lo rápido que pueden cambirar las cosas... como en un momento (uno de esos segundos extraños) se tenía tooodo el tiempo del mundo para hacer cuanta burrada, y de repente, todo es tan contabilizado, tan porgramado y tan estrecho, que se llega a temer no poder volver a expandirse, a envolverse en algo diferente a la responsabilidad.
Éste, es un pequeño momento robado, aun bajo la responsabilidad ( y hasta el remordimiento) del deber pendiente. Aquí, las cuerdas se aflojan un poco, con las palabras y la concentración que se logra. Pero mañana el orden regresará, y con él al conciencia de la responsabilidad. Es como tener una camisa de fuerza, una camisa de fuerza absolutamente voluntaria, porque ¿quién si no yo escogió este camino?
Y la verdad, con todo y la falta de tiempo, no lo lamento.
Me satisface.
Y el tiempo es tan fugáz que a veces asusta. Cuando se era pequeño, pasaban eones para que llegara la navidad, el cumpleaños, Halloween, o lo que fuera. En cambio ahora, parece como si el año pasara corriendo, como si la navidad fuera dos veces al año y se cumpleida años más a menudo de los deseado.
¿Es una nueva percepción del tiempo o realmente todo es más rápido?
Parace que cuando se crece y se madura, todo sucede a mayor velocidad, como si los momentos y las vivencias no fueran más que instantes fotográficos... a menudo las horas y los días pasan como cuando se mira un segundero; por delante de los ojos, sin vida, como si eso que pasa ahí no fuera con nosotros.
Es extraño cuando se es conciente de lo rápido que pueden cambirar las cosas... como en un momento (uno de esos segundos extraños) se tenía tooodo el tiempo del mundo para hacer cuanta burrada, y de repente, todo es tan contabilizado, tan porgramado y tan estrecho, que se llega a temer no poder volver a expandirse, a envolverse en algo diferente a la responsabilidad.
Éste, es un pequeño momento robado, aun bajo la responsabilidad ( y hasta el remordimiento) del deber pendiente. Aquí, las cuerdas se aflojan un poco, con las palabras y la concentración que se logra. Pero mañana el orden regresará, y con él al conciencia de la responsabilidad. Es como tener una camisa de fuerza, una camisa de fuerza absolutamente voluntaria, porque ¿quién si no yo escogió este camino?
Y la verdad, con todo y la falta de tiempo, no lo lamento.
Me satisface.
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