jueves, 20 de diciembre de 2007

Henos aquí, sedientos. Nos inspiramos el odio que siente el mundo por sus hombres, nos casamos con nuestros demonios y la furia nos consume. La cascada de arena movediza se revierte y los ojos se empañan... ya no hay lágrimas. Nos sentimos muerte, disfrazados de nosotros mismos, unas pobres sombras. La respiración cesa, el latido calla, la sangre fluye hacia la tierra. El temor primitivo ha sido consumado.

Bebamos de mi, del que ya no vive. Sabrás lo que soy cuando la sed no cese, cuando el corazón del muerto dormido domine la noche. Tiembla muerte, tiembla, que mi cuerpo vacío te espera con los brazos abiertos bajo la tierra.

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