A veces me gustaría tener tentáculos... poder alcanzarlo todo, poder controlarlo todo, pero desafortunada o afortunadamente todo ello está fuera de mis posibilidades. Sin embargo, pese saber la realidad, pese a tenerla entre ceja y ceja no deja de aparecer la frustración y la rabia como fantasmas infantiles, como fantasmas que no hacen más que rondar la cabeza y no se definen como más que una sensación vaga de lo-que-quiero aplastada finalmente por lo-que-es. Seguidamente me invade una especie de resignación pequeña y tímida que va tomando forma, la forma de una idea minúscula e infantil para ser sinceros, pero consoladora. La idea espera, se solidifica, se hace una certeza, pero nuevamente la realidad susurra al oído lo superficial del consuelo, lo fugaz de esa pequeña sensación de victoria. Finalmente solo queda una incógnita, una gran y negra incógnita que deja el espacio al camino incierto del ya veremos.
Un año nuevo y veremos que pasa...
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