martes, 17 de julio de 2007

Lo que recuerda un recuerdo.

Todavía recuerdo cuando tenía doce años y C... me contaba como su amor platónico le tomaba la mano cuando se sentaba con ella en el transporte, como le hablaba con delicadeza, como le hacía sentir que la quería y que sabía lo que ella sentía cuando aún, no le decía nada. Él tenía quince años y ella doce. Los recuerdo a ambos con mucha claridad, más de la que yo misma esperaría. Ella era bajita y el también, ella tenía los ojos claros y los de él eran negros, parecían botones (eso decía yo), ella era blanca y el moreno.

Hoy al recordarlo me pregunto qué fue de esas personas, las recuerdo con la nostalgia con la que se evoca un pasado y una amistad eterna en la memoria, finalizada en el tiempo real...

En ese tiempo, cuando ella y yo nos encontrábamos; ella roja y con una sonrisa de felicidad, simplemente me limitaba a escuchar su historia, sus sueños, y sus divagaciónes, sus "no podrá ser" y sus "creo que me quiere". Me limitaba a hacer mi papel de muñeca y no hablar. Ahora, seis años después, he vuelto a recordar ese momento y me he sorprendido, casi enternecida de mi poca capacidad de analizar. Si en ese momento hubiese sabido lo que se ahora, hubiese sospechado lo que sospecho ahora, tal vez habría llegado a pensar muchas cosas... Algo como que él podría simplemente estar haciéndola creer esas cosas, estar divirtiéndose con los sentimientos de la niña que lo quería a su manera, la verdad no tan infantil, o también podría estar realmente enamorado de ella... o tal vez sólo quería jugar al gato y al ratón un rato, sentirse halagado y capaz de seducir.

El se graduó de bachillerato cuando nosotras teníamos trece años. Acabaron los roces de manos, las indecisiones, las miradas fijas de las que yo fui testigo y vi con algo parecido a la indiferencia mezclada con la solidaridad de las amigas. Al fin, cuando nos alejamos luego de separarnos de grupo, no supe en qué terminó la historia de ambos... posiblemente en nada, él nunca parecía demasiado deseoso de que algo demasiado concreto sucediera, quizá también, porque se sintió mal por la edad de ella... o simplemente se cansó de jugar. Son cosas que nunca llegaré a saber, pero son pequeñas pruebas de todo lo que he avanzado en cuanto al análisis de las personas y sus comportamientos, ahora sólo espero que mis conclusiones acerca de las personas no sean equivocadas.

Lo gracioso, es que siempre, al avanzar, cuando se mira atrás de nuevo, hay algo que denota lo infantil de momento, lo inocente que se era entonces. Y cuando pasan los años, al volver la mirada sobre ese momento en que algo nos pareció infantil, vuelve el mismo sentimiento. Nadie nunca logra madurar totalmente y parece ser un proceso largo y sin final.

lunes, 18 de junio de 2007

Lo que no quiere salir a la luz.

Hoy no siento las ideas, ni la creatividad de la que generalmente dispongo para la escritura (que la verdad, no es tanta como para jactarme de ella). Al parecer, me es difícil encontrar una escena con la cual continuar mi relato.

Es un poco frustrante que la sencillez de lo que hago se vea nublada, obstruida, por lo que tengo al rededor: poca tranquilidad y poca familiaridad. ¿O habrá una especie de predisposición, una confabulación astrológica que me impida poder hacer una minúscula frase decente hoy?

Para mi, es casi un misterio la forma en que se comporta aquello que llamamos inspiración. Después de todo, parece ser caprichosa y tal vez exija algún tipo de alimentación desconocida, o simplemente no se resigna a trabajar con los pequeños fragmentos de lo que podría ser una buena imagen mental. Pero la imagen se ha perdido en el inframundo éste día, gracias los ruidos chillones y mecánicos, los colores feos, grises y polvorientos y el ambiente de fábrica pequeña y encerrada.

Aunque quizás, este momento sea el propicio para otro tipo de historia; una más sucia, más gris, más ruidosa, una que pueda conformarse con palabras como obreros, calor desesperante, aburrimiento, incomodidad y un cuaderno negro, que es la ayuda más decente de la que dispongo . Pero hay la posibilidad de que mi amiga la inspiración se resista a trabajar, a honrarme con su maravillosa presencia, porque necesita sentirse en casa... o simplemente, algo más agradable para salir a la luz de un montón de papel procesado, que un taller lleno de trabajadores, ruido, polvo y un ambiente poco favorecedor.

sábado, 16 de junio de 2007

Mi Melancolía.

No es un Blog sobre Lewis Carrol y su obra, no. Simplemente quise hacer un pequeño culto a la imaginación, y a la niñez que irremediablemente vamos perdiendo con los años, con las hormonas, con el conocimiento, con la información, con el proceso inevitable que es el crecimiento. Es una tarea bastante imposible recuperar toda esa fantasía y esos mundos que nos creábamos para jugar, para soñar.

Y es que crecemos, y nuestra mente madura y ya no es lo mismo; no fluye con tanta facilidad toda esa espontaneidad que nos hacía tan adorables, que nos hacía capaces de inventar una historia o una obra de teatro sin darnos cuenta, que nos hacía anhelar el momento de ser mayores (¡Oh, inocencia!), de la hora del juego y el juguete nuevo. Se nos acabó gran parte de nuestra inocencia y felicidad infantil, y ahora que somos grandes es inevitable recordar con dulzura esos años.

¿Por qué Alicia? Porque en medio de mi adolescencia, me fascinó y me sedujo, me abrió las puertas hacia ese mundo de recuerdos lleno de color, de sueños y de rarezas, cuando no nos limitaban las paredes que forma la realidad alrededor de nuestro pensamiento. Pocas preocupaciones, poca angustia, poca responsabilidad. Y sí, mi niñez fue feliz y la extraño como una buena historia que quisiera recordar, más no vivir de nuevo.

Y los cuentos y las fantasías son la mejor manera de ofrecerle un descanso, una sombra refrescante a nuestra mente atareada. ¡Y es que los niños son tan extraños, tan fantásticos! ¡Y es que nosotros somos tan normales y tan llenos de lógca!

Por supuesto, no todas las entradas serán referentes a la inocencia o la niñez. Publicaré lo que me nazca, lo que esa imaginación, que se permite salir un poco de esas paredes invisibles, me induzca escribir.