Tantas ganas de meterme de lleno ahí, de no salir, de no parar, de no hablar, de no pensar, de que sea sólo el lápiz el motor y la vida, que la mano sea pensamiento y las imágenes se queden en el papel. Tantas ganas y tan poca soltura, tan poca disposición. Tantas ganas y solo consigo ésto. Tantas cosas que decir y tan difícil hacerlo. Resulta contradictorio querer y no querer, porque se que no quiero, porque se que debo, porque se que es lo que no tengo.
A veces quiero tantas cosas... a veces lo que no quiero me compalce y me siendo servilmente complacida por la imagen de los demás, por lo que no quieren mostrar y por lo que sí quieren se sepa y yo repudio. Porque hay cosas que detesto, sensaciones y situaciones de las que huyo, pero llega un momento de esos extraños, donde me doy cuenta que no es verdad. Hay instantes en que me gusta lo que no me gusta, me alegra lo que no me alegra. Puede que rechace muchas cosas por simple gusto, pero en esos momentos es cuando me doy cuenta que las necesito, que de cierta forma me alimentan.
Y tambien los necesito a ustedes con sus caras, con sus palabras, con sus presencias. A veces me molesta lo que hacen, lo que dicen o lo que quieren expresar y los evito y evito hechos y señales, pero me hacen falta. Ustedes que tanto me hacen pensar, que tanto me hacen reír, que me acompañan. Ustedes que están tan cuerdos, tan enamorados. No me gusta necesitar pero si lo niego, me engaño.
Y no se si sepan a lo que me refiero, espero que no. Podría ponerse en duda mi propia coherencia (y es que soy incoherente, pero no quiero que lo sepan). A veces me alegra la extrañeza a la que puedo llegar cuando pienso en ustedes, cuando analizo lo que pasa, lo que dicen y tal vez lo que piensan.
Ustedes son mis amigos y los quiero, aunque no lo diga, aunque lo exprese poco. Los quiero, aunque la amistad no dure. Los quiero aunque dure años, aunque nos hastiemos. Los quiero aunque no todo sea lo que parece, o sea lo que es.
Y espero que no sea un espejismo.
"Existen dos mundos: El primero es el mío, el segundo es el verdadero". Sabahudin Hadzialic
jueves, 27 de septiembre de 2007
domingo, 2 de septiembre de 2007
Un ataque de conciencia
¿Será un verdadera lucha interna?
¿O sólo lo estoy sobre dimensionando?
A veces pienso que no me lleva a ninguna parte tratar de ser amable, o paciente es como una especie de hipocresía estúpida donde yo misma me creo lo que hago. Hay que cortar las cosas por la raíz, aunque se que no debo (y no QUIERO) que mi personalidad sea algo tan insulso como una hoja en blanco, hay cosas que deben disminuir. Lo he pensado, y he concluido que:
Mi orgullo debe ser controlado, mi familia no tiene la culpa de que yo me deje controlar por él. Tampoco mis amigos, por lo menos los más cercanos... y los verdaderos los demás pueden joderse un poco.
Le sigue mi egoísmo. No puedo enojarme a toda hora porque no puedo hacer mis cosas cuando yo quiero. El resto del mundo existe y necesita. Aunque vuelvo a la aclaración, familia y amigos, los demás... bueno...
Y por último, ese mal humor que no se si es consecuencia de dejarme llevar por las dos anteriores o si viene parte como una regalo que nadie quiere. Me da repugnancia estar tan suceptible... estar con las lágrimas en la garganta a toda hora es desesperante, prefiero estar seca. Si la cosa sigue así, enojada todo un día con ganas de llorar a cualquier mención del tema, porque me dejaron esperando, tenderé que consultar, porque eso ya no es normal. Y el tema, la verdad me preocupa un poco. Está bien, nunca he sido un terrón de azúcar (ni pretendo serlo) pero tampoco quiero descargar mi loqueseaques con los que no tienen la culpa.
Y bien, a veces pienso que tengo demasiados compromisos con migo misma, muchos referentes al autocontrol, así que las otras cosas se van a la porra y llega ésto: controlar orgullo, pensar no sólo en mí y controlar malgenio. Por supuesto, todo hacerlo moderadamente.
¿O sólo lo estoy sobre dimensionando?
A veces pienso que no me lleva a ninguna parte tratar de ser amable, o paciente es como una especie de hipocresía estúpida donde yo misma me creo lo que hago. Hay que cortar las cosas por la raíz, aunque se que no debo (y no QUIERO) que mi personalidad sea algo tan insulso como una hoja en blanco, hay cosas que deben disminuir. Lo he pensado, y he concluido que:
Mi orgullo debe ser controlado, mi familia no tiene la culpa de que yo me deje controlar por él. Tampoco mis amigos, por lo menos los más cercanos... y los verdaderos los demás pueden joderse un poco.
Le sigue mi egoísmo. No puedo enojarme a toda hora porque no puedo hacer mis cosas cuando yo quiero. El resto del mundo existe y necesita. Aunque vuelvo a la aclaración, familia y amigos, los demás... bueno...
Y por último, ese mal humor que no se si es consecuencia de dejarme llevar por las dos anteriores o si viene parte como una regalo que nadie quiere. Me da repugnancia estar tan suceptible... estar con las lágrimas en la garganta a toda hora es desesperante, prefiero estar seca. Si la cosa sigue así, enojada todo un día con ganas de llorar a cualquier mención del tema, porque me dejaron esperando, tenderé que consultar, porque eso ya no es normal. Y el tema, la verdad me preocupa un poco. Está bien, nunca he sido un terrón de azúcar (ni pretendo serlo) pero tampoco quiero descargar mi loqueseaques con los que no tienen la culpa.
Y bien, a veces pienso que tengo demasiados compromisos con migo misma, muchos referentes al autocontrol, así que las otras cosas se van a la porra y llega ésto: controlar orgullo, pensar no sólo en mí y controlar malgenio. Por supuesto, todo hacerlo moderadamente.
sábado, 11 de agosto de 2007
La peste Negra.
Sus huesos dolían y la fiebre era intensa. El pequeño lo miraba inocente, su mano suave y tibia, que descansaba sobre la suya arrugada y dolorida, se sentía más ajena que nunca. Sabía que moriría, lo sabía como quien tiene un mal presentimiento. Se permitió una pequeña sonrisa cansada que le dirigió a su nieto, quien abrió los ojos como una par de pelotas de golf para salir corriendo de la habitación pequeña y derruida. Se sentía mareado, el olor a aceite de almendras del niño flotaba por toda la habitación, nunca le había gustado ese olor.
Sintió la pesadez en los párpados y se relajó. Hacía varias noches el dolor de su pecho enfermo no lo había dejado dormir... Abrió los ojos repentinamente. El niño estaba a su lado, el olor era más fuerte. La música que venía de la cocina, el refundido sonido del piano y la luz amarilla lo marearon.
- ¿Que pasa?
La voz del niño era dulce. Taladraba sus oídos. Quiso decirle que se fuera, que lo dejara, dormir, morir, lo que viniera primero, pero sus ojos se llenaron de lágrimas. ¡Parecía tan vivo desde allí! Su rostro redondo y moreno, chocolate como el suyo propio, como el de su raza, parecía más lozano que nunca. Las venas palpitaban tras su piel tersa y la inocencia frente a lo que sería su vida podía adivinarse en sus ojos. Apretó al sábana entre sus manos hasta que le dolor fue insoportable. Sollozó.
-¡Adiós!
Apretó el brazo del niño antes de que se fuera, parecía inquieto. Lo apretó con fuerza y sus ojos empañados se encontraron con el temor. Sintió un par de lágrimas más mojar su piel reseca y lo dejó ir. La química de la vida y el misterio de la muerte, juntos en una sola habitación. Su vida se había consumido en un mundo hostil, en un mundo lleno de trampas y ninguna oportunidad para los que eran como él y así sería tambien para ese niño.
Pasó como un fantasma asustado y oscuro. No supo cuanto tiempo había pasado en su ahbitación, en cama. Nadie lo vería. Él era hora la fortuna, el destino. Él representaba el yugo. En la habitación pintada de azul, con las paredes desconchadas ,el niño dormía. Ahí estaba la marca, roja como la sangre sobre su frente despejada. Era la marca de la desgracia. Tocó la frente del niño y no sintió nada. Trazó con su dedo etéreo el contorno de la marca que desapareció dejando una sombra blanca sobre la piel. Quiso llorar de nuevo, pero sólo pudo gemir secamente... el niño no podría negar su destino, tendría que cargar con el peso de los suyos. Pero la marca era más débil, tal vez sobreviviría a la desgracia. Abarcó el rostro con su mano, anhelandolo. El niño se levantó asustado cuando sintió la fuerza, el ahogo, el deseo de respirar. Ya no pensaba, sus manos y su fuerza odiaron más la vida que la muerte. Sentía el rencor por la vida circular en sus venas y alimentar la fuerza de sus barzos, mientras veía commo el brillo de los oj9os del niño se opacaba, como dejaba de moverse, de intentar respirar. Sintió que algo crujió pero no le impoortó.
Estaba muerto, y el dolor fue com un látigo que lo atravesó. Reprimió un par de sollozos más y pensó en todo. Apretó las mandíbulas y con esfuerzo y con pasos lentos y tortuosos, como si la fuerza del odio lo hubiera abandonado, salió al balcón. Estaba lloviendo, la brisa suave y tibia le dio de lleno en el rostro, la fiebre hacía que sintiera las pequeñas gota de agua como agujas. Quiso sentir el aire sobre su rostro, pero la naturaleza sólo le respondió con dolor, con sufrimiento. La naturaleza, pensó. La naturaleza. Tierra en la tierra, cayó y fue la muerte quin lo recibió en sus brazos de madre.
Sus pies volaron sobre las cabezas de los niños y los viejos, y sus ojos como el carbón vagaron de rostro en rostro. Se detuvo tras la puerta gris y desconchada de la casa más pequeña del lugar, cerca de la ventana amarillenta y descolorida, sabiendose desgracia. Traspasó el umbral silencioso como la noche, y sus manos tocaron la cabeza del recién nacido. Era el destino, horrible y siniestro, que venía solitario a marcar la frente suave de un bebé.
jueves, 9 de agosto de 2007
Yugo voluntario.
Es una total, completa y absoluta mierda no tener tiempo.
Y el tiempo es tan fugáz que a veces asusta. Cuando se era pequeño, pasaban eones para que llegara la navidad, el cumpleaños, Halloween, o lo que fuera. En cambio ahora, parece como si el año pasara corriendo, como si la navidad fuera dos veces al año y se cumpleida años más a menudo de los deseado.
¿Es una nueva percepción del tiempo o realmente todo es más rápido?
Parace que cuando se crece y se madura, todo sucede a mayor velocidad, como si los momentos y las vivencias no fueran más que instantes fotográficos... a menudo las horas y los días pasan como cuando se mira un segundero; por delante de los ojos, sin vida, como si eso que pasa ahí no fuera con nosotros.
Es extraño cuando se es conciente de lo rápido que pueden cambirar las cosas... como en un momento (uno de esos segundos extraños) se tenía tooodo el tiempo del mundo para hacer cuanta burrada, y de repente, todo es tan contabilizado, tan porgramado y tan estrecho, que se llega a temer no poder volver a expandirse, a envolverse en algo diferente a la responsabilidad.
Éste, es un pequeño momento robado, aun bajo la responsabilidad ( y hasta el remordimiento) del deber pendiente. Aquí, las cuerdas se aflojan un poco, con las palabras y la concentración que se logra. Pero mañana el orden regresará, y con él al conciencia de la responsabilidad. Es como tener una camisa de fuerza, una camisa de fuerza absolutamente voluntaria, porque ¿quién si no yo escogió este camino?
Y la verdad, con todo y la falta de tiempo, no lo lamento.
Me satisface.
Y el tiempo es tan fugáz que a veces asusta. Cuando se era pequeño, pasaban eones para que llegara la navidad, el cumpleaños, Halloween, o lo que fuera. En cambio ahora, parece como si el año pasara corriendo, como si la navidad fuera dos veces al año y se cumpleida años más a menudo de los deseado.
¿Es una nueva percepción del tiempo o realmente todo es más rápido?
Parace que cuando se crece y se madura, todo sucede a mayor velocidad, como si los momentos y las vivencias no fueran más que instantes fotográficos... a menudo las horas y los días pasan como cuando se mira un segundero; por delante de los ojos, sin vida, como si eso que pasa ahí no fuera con nosotros.
Es extraño cuando se es conciente de lo rápido que pueden cambirar las cosas... como en un momento (uno de esos segundos extraños) se tenía tooodo el tiempo del mundo para hacer cuanta burrada, y de repente, todo es tan contabilizado, tan porgramado y tan estrecho, que se llega a temer no poder volver a expandirse, a envolverse en algo diferente a la responsabilidad.
Éste, es un pequeño momento robado, aun bajo la responsabilidad ( y hasta el remordimiento) del deber pendiente. Aquí, las cuerdas se aflojan un poco, con las palabras y la concentración que se logra. Pero mañana el orden regresará, y con él al conciencia de la responsabilidad. Es como tener una camisa de fuerza, una camisa de fuerza absolutamente voluntaria, porque ¿quién si no yo escogió este camino?
Y la verdad, con todo y la falta de tiempo, no lo lamento.
Me satisface.
martes, 17 de julio de 2007
Lo que recuerda un recuerdo.
Todavía recuerdo cuando tenía doce años y C... me contaba como su amor platónico le tomaba la mano cuando se sentaba con ella en el transporte, como le hablaba con delicadeza, como le hacía sentir que la quería y que sabía lo que ella sentía cuando aún, no le decía nada. Él tenía quince años y ella doce. Los recuerdo a ambos con mucha claridad, más de la que yo misma esperaría. Ella era bajita y el también, ella tenía los ojos claros y los de él eran negros, parecían botones (eso decía yo), ella era blanca y el moreno.
Hoy al recordarlo me pregunto qué fue de esas personas, las recuerdo con la nostalgia con la que se evoca un pasado y una amistad eterna en la memoria, finalizada en el tiempo real...
En ese tiempo, cuando ella y yo nos encontrábamos; ella roja y con una sonrisa de felicidad, simplemente me limitaba a escuchar su historia, sus sueños, y sus divagaciónes, sus "no podrá ser" y sus "creo que me quiere". Me limitaba a hacer mi papel de muñeca y no hablar. Ahora, seis años después, he vuelto a recordar ese momento y me he sorprendido, casi enternecida de mi poca capacidad de analizar. Si en ese momento hubiese sabido lo que se ahora, hubiese sospechado lo que sospecho ahora, tal vez habría llegado a pensar muchas cosas... Algo como que él podría simplemente estar haciéndola creer esas cosas, estar divirtiéndose con los sentimientos de la niña que lo quería a su manera, la verdad no tan infantil, o también podría estar realmente enamorado de ella... o tal vez sólo quería jugar al gato y al ratón un rato, sentirse halagado y capaz de seducir.
El se graduó de bachillerato cuando nosotras teníamos trece años. Acabaron los roces de manos, las indecisiones, las miradas fijas de las que yo fui testigo y vi con algo parecido a la indiferencia mezclada con la solidaridad de las amigas. Al fin, cuando nos alejamos luego de separarnos de grupo, no supe en qué terminó la historia de ambos... posiblemente en nada, él nunca parecía demasiado deseoso de que algo demasiado concreto sucediera, quizá también, porque se sintió mal por la edad de ella... o simplemente se cansó de jugar. Son cosas que nunca llegaré a saber, pero son pequeñas pruebas de todo lo que he avanzado en cuanto al análisis de las personas y sus comportamientos, ahora sólo espero que mis conclusiones acerca de las personas no sean equivocadas.
Lo gracioso, es que siempre, al avanzar, cuando se mira atrás de nuevo, hay algo que denota lo infantil de momento, lo inocente que se era entonces. Y cuando pasan los años, al volver la mirada sobre ese momento en que algo nos pareció infantil, vuelve el mismo sentimiento. Nadie nunca logra madurar totalmente y parece ser un proceso largo y sin final.
Hoy al recordarlo me pregunto qué fue de esas personas, las recuerdo con la nostalgia con la que se evoca un pasado y una amistad eterna en la memoria, finalizada en el tiempo real...
En ese tiempo, cuando ella y yo nos encontrábamos; ella roja y con una sonrisa de felicidad, simplemente me limitaba a escuchar su historia, sus sueños, y sus divagaciónes, sus "no podrá ser" y sus "creo que me quiere". Me limitaba a hacer mi papel de muñeca y no hablar. Ahora, seis años después, he vuelto a recordar ese momento y me he sorprendido, casi enternecida de mi poca capacidad de analizar. Si en ese momento hubiese sabido lo que se ahora, hubiese sospechado lo que sospecho ahora, tal vez habría llegado a pensar muchas cosas... Algo como que él podría simplemente estar haciéndola creer esas cosas, estar divirtiéndose con los sentimientos de la niña que lo quería a su manera, la verdad no tan infantil, o también podría estar realmente enamorado de ella... o tal vez sólo quería jugar al gato y al ratón un rato, sentirse halagado y capaz de seducir.
El se graduó de bachillerato cuando nosotras teníamos trece años. Acabaron los roces de manos, las indecisiones, las miradas fijas de las que yo fui testigo y vi con algo parecido a la indiferencia mezclada con la solidaridad de las amigas. Al fin, cuando nos alejamos luego de separarnos de grupo, no supe en qué terminó la historia de ambos... posiblemente en nada, él nunca parecía demasiado deseoso de que algo demasiado concreto sucediera, quizá también, porque se sintió mal por la edad de ella... o simplemente se cansó de jugar. Son cosas que nunca llegaré a saber, pero son pequeñas pruebas de todo lo que he avanzado en cuanto al análisis de las personas y sus comportamientos, ahora sólo espero que mis conclusiones acerca de las personas no sean equivocadas.
Lo gracioso, es que siempre, al avanzar, cuando se mira atrás de nuevo, hay algo que denota lo infantil de momento, lo inocente que se era entonces. Y cuando pasan los años, al volver la mirada sobre ese momento en que algo nos pareció infantil, vuelve el mismo sentimiento. Nadie nunca logra madurar totalmente y parece ser un proceso largo y sin final.
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